Peregrinando hasta Tí
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VOCES DEL CORO: Elena Aguado, Federico Martín, María Carreño, Curro García, Jaione Góngora, Isa Martín, José Gabriel Pérez, María Dolores Sánchez, Rocío Sánchez, Pura García, Serafín Alférez, El Chele, María Dolores Martín, Pepe Matillas, Pilar López, María Jesús Moral, Elena Moral, Mari Gómez, Isa Gutiérrez y Lola García.
GUITARRAS:
BOMBO Y PALILLOS, PANDERETA Y CAJA DE REDOBLE:
DIRECCIÓN:
FOTOGRAFÍA:
ILUSTRACIÓN PEREGRINOS:
Este disco se grabó durante los días 6 y 7 de Diciembre de 2003 en
el Cortijo VillaCarmen (DALÍAS) al calor de un fuego y de nuestros amigos. |
TEMAS:
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Buscaba la madrugada el día cuando se puso en camino. Nada era distinto
a otras veces. Sus pasos al cielo raso, la promesa en el corazón y una
vara en la mano.
Sólo una senda le separaba de ÉL, unas horas apenas que se tornaban pequeñas tras todo un año de espera. Marchaba el peregrino empujado por la brisa y cobijado en las sombras hasta perderse a lo lejos, rumbo a la LUZ, su destino. Al tiempo, las campanas golpeaban llamando a misa de alba. En la calle, un ir y venir incesante agitaba la noche, y un murmullo sostenido palpitaba en el aire. El templo era un reguero de almas y ofrendas, un hervidero de fe, donde albergar rezos, palabras y esperanzas. Muy cerca, un grupo de hombres operaba con destreza bajo un parral de fuego, y un joven, costalero, aguardaba a pie de la escalinata mientras acariciaba la gloria en su pañuelo. ¡A la vela señora, a la vela! ¡velas para las mandas! Y en esto, dieron las siete en el reloj de la plaza. El peregrino detuvo la marcha. Como un ritual, aparcó su mochila y se dispuso a contemplar el pueblo despacio. Nada era distinto. La mirada apasionada, el pensamiento fijo y el aliento apresurado. Un hondo suspiro puso fin al intervalo. Impaciente, el caminante, no tardó en alejarse de nuevo. Atrás quedaba la caseta y olvidado el cansancio... En tanto, una mujer apuraba un misterio, y un niño dormido se acomodaba en sus brazos. Un cohete irrumpió en el cielo queriendo anunciar la mañana, y alguien, en ese instante, descolgó la medalla compañera de sus sueños. La vida se precipitaba y el amanecer se hizo. Al fonod, la silueta del Cristo presidía cada emoción y cada momento. Su imagen luminosa parecía elevarse ahora, más que nuca, sobre sus hijos. Todo estaba dispuesto para el día grande. Un olor a nardos envolvió al peregrino al mismo adentrarse. Nada fue distinto. Se arrodilló a sus pies, le lio gracias y cerró los ojos... para poder soñarle. S. Alférez |
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Colabora: Diputación de Almería
Grabación, edición y materización: M. Salas
Diseño, fotomecánica y composición: S. Alférez y M. Salas
REF: CDN 229
Dep. Legal: M-35.833-2004